La despedida del recuerdo.

Y empacaré el valor justo al lado del esfuerzo,
a ver si con el movimiento del camino se mezclan
y dejo de ser tan pendeja.

En un pequeño cuaderno anotaré los recuerdos de lo
que dejo en el mundo real, para verificar si al regresar,
aún me queda algún recuerdo.

Voy en busca de algo, que ahora mismo no recuerdo,
pero entre óleo, barro y carboncillo espero reconocerlo.

Pero lo que sí recuerdo es ese corazón de dos piezas que
yo misma dibuje entre sonrisas y miradas, tratando de unir
dos amores que aunque a primera impresión se ven desproporcionados,
sin profundidad y con poco conocimiento del tema, crearon
una composición asombrosa.

Pero no estuve atenta el día que debía de unir las dos piezas
para que formaran un corazón sólido, me quede agarrada de
mi estrella fugaz y seguí de largo, y cuando llegue de mi residencia
habitual, la luna, me percate de que una pieza me faltaba.
La busque entre las piedras, pero no la vi, y con mucho miedo, fui
al mundo real a buscarla, y un día la vi, disfrazada de polizonte,
estaba probando suerte en “Las Vegas”.

Le mostre la otra pieza, pero no la reconoció, pero todo fue mi
culpa por nunca haber desnudado completamente mi pieza ante sus ojos.
Y fue cuando me avergoncé, parada desnuda, delante de esta
mirada penetradora que me observaba sin reconocerme. No tuve
más opción que correr y fuí a esconderme detrás de mi sombra,
donde aún estoy.

Dulcesaurio.

~ por cuentosaurio en Agosto 28, 2007.

Escribe un comentario